Bueno, he aquí el relato más esperado por todos... Que creo me agradeceréis que haga por capítulos. Ya que además de tener longitud suficiente para ello, en muchos de los puntos carezco de material gráfico, que anime la lectura a los menos dados a ella.. ;-)
En fin, como todos sabéis, al llegar a Sydney, la estupenda becaria del gobierno vasco, tuvo a bien acogerme, en su casa, meterme en su habitación y dejarme dormir en su cama... un cielo, entenderéis... Como no abundan las personas así, y además no todos tuvimos la misma suerte y previsión, así pues la pobre se vió en la obligación (Quasi impuesta) de acoger también a la otra becaria que venía conmigo y por lo tanto tuvo que abandonar su lecho, para cedernoslo a nosotras, en este punto hemos de agradecer también a sus compañeros de piso, que nos prestaran la otra habitación.
Como quiera que una semana después de nuestra llegada la mencionada compañera de piso necesitaba su cama, una de nosotras, al menos tenía que abandonar el dormitorio común ( en este punto entraré en otro momento más propicio... porque será un tema distinto). En fin, que el lugar era monísimo, comodísimo y todos los ísimos correspondientes, pero por falta de ... no sé como calificarlo, no una sino las dos acogidas tuvimos que salir, de allí. Porque al menos a mí se me caía ya la cara de vergüenza de ver que hay quien no compartía el sentimiento y encima ponía quejas...
La mudanza fué junto con el becario que aun no había entrado en escena y su novia (esto también será motivo para la entrada anteriormente mencionada). Bueno pues allí que nos mudamos los cuatro a un backpacker, el más extraño probablemente de los innumerables que hay en esta ciudad. El lugar en cuestión estaba regentado por un buen hombre con cara de Indio, que decía ser de origen neozelandés (que no digo yo que no lo fuese), y que el primer día nos contó que antes él tenía un barco en Nueva Zelanda y que por aquellos entonces había conocido a Juan Carlos.... ahí yo intentando entender qué quería decir, cuando mi compañera, muy avispada le preguntó "¿The King??" Pues sí, vaya, que el señor había paseado en su barco "al JuanCa" y a la "Sofi" que le pareció una mujer muy divertida... ¿a ver quien lo supera?.... En fin, que allí teníamos una habitación con cocina incluída para los 4 todos juntitos y nuestras 10 maletas... que teníamos que ponernos de acuerdo para entrar y salir y abrir maletas... Además, el baño era compartido con todo el resto del hostal (si es que había algún osado más que viviera allí, claro está) dos baños, minúsculos, (0,5m x 1,2m) sacad la cuenta que en metros cuadrados me da vergüenza decirlo.... Y la ducha tenía una cortina, de las que te da no sé qué de pensar que te pueda rozar, y abierta, al resto... así que tras la ducha, operación de malabarismo para vestirse sin rozar las paredes con el cuerpo ni el suelo con la ropa...
Evidentemente, aquello no podía durar mucho más, así que en cuanto se cumplió la semana que habíamos pagado hicimos ruta por el resto de backpacker de la misma calle (veáse unos 15) preguntando precio y disponibilidad y como no.... que nos enseñasen el baño, antes de decidirnos a entrar....
En fin, como todos sabéis, al llegar a Sydney, la estupenda becaria del gobierno vasco, tuvo a bien acogerme, en su casa, meterme en su habitación y dejarme dormir en su cama... un cielo, entenderéis... Como no abundan las personas así, y además no todos tuvimos la misma suerte y previsión, así pues la pobre se vió en la obligación (Quasi impuesta) de acoger también a la otra becaria que venía conmigo y por lo tanto tuvo que abandonar su lecho, para cedernoslo a nosotras, en este punto hemos de agradecer también a sus compañeros de piso, que nos prestaran la otra habitación.
Como quiera que una semana después de nuestra llegada la mencionada compañera de piso necesitaba su cama, una de nosotras, al menos tenía que abandonar el dormitorio común ( en este punto entraré en otro momento más propicio... porque será un tema distinto). En fin, que el lugar era monísimo, comodísimo y todos los ísimos correspondientes, pero por falta de ... no sé como calificarlo, no una sino las dos acogidas tuvimos que salir, de allí. Porque al menos a mí se me caía ya la cara de vergüenza de ver que hay quien no compartía el sentimiento y encima ponía quejas...
La mudanza fué junto con el becario que aun no había entrado en escena y su novia (esto también será motivo para la entrada anteriormente mencionada). Bueno pues allí que nos mudamos los cuatro a un backpacker, el más extraño probablemente de los innumerables que hay en esta ciudad. El lugar en cuestión estaba regentado por un buen hombre con cara de Indio, que decía ser de origen neozelandés (que no digo yo que no lo fuese), y que el primer día nos contó que antes él tenía un barco en Nueva Zelanda y que por aquellos entonces había conocido a Juan Carlos.... ahí yo intentando entender qué quería decir, cuando mi compañera, muy avispada le preguntó "¿The King??" Pues sí, vaya, que el señor había paseado en su barco "al JuanCa" y a la "Sofi" que le pareció una mujer muy divertida... ¿a ver quien lo supera?.... En fin, que allí teníamos una habitación con cocina incluída para los 4 todos juntitos y nuestras 10 maletas... que teníamos que ponernos de acuerdo para entrar y salir y abrir maletas... Además, el baño era compartido con todo el resto del hostal (si es que había algún osado más que viviera allí, claro está) dos baños, minúsculos, (0,5m x 1,2m) sacad la cuenta que en metros cuadrados me da vergüenza decirlo.... Y la ducha tenía una cortina, de las que te da no sé qué de pensar que te pueda rozar, y abierta, al resto... así que tras la ducha, operación de malabarismo para vestirse sin rozar las paredes con el cuerpo ni el suelo con la ropa...
Evidentemente, aquello no podía durar mucho más, así que en cuanto se cumplió la semana que habíamos pagado hicimos ruta por el resto de backpacker de la misma calle (veáse unos 15) preguntando precio y disponibilidad y como no.... que nos enseñasen el baño, antes de decidirnos a entrar....

